miércoles, noviembre 22, 2006

A la Cumbre de Presidentes, en tren

Muchas cosas destruyó la política neoliberal de Carlos Menem en la Argentina durante la década de 1990. Una de ellas fue la extraordinaria experiencia de viajar en ferrocarril por los rincones de la Argentina.
Sin embargo, poco a poco, algo del maravilloso mundo de vías y estaciones de pueblo se recuperó.
A continuación les ofrecemos un texto del periodista de Radio Nacional Adrián Fernández, actual conductor del Panorama Internacional de Noticias de la emisora.
Además de conducir un programa radial, se animó a manejar una locomotora con vagones llenos de recuerdos y de experiencias que regresan al volver a viajar en ferrocarril por la Argentina.

A la Cumbre de Presidentes, en tren
Por Adrián Fernández


Esta nota fue publicada en la revista Latín Tracks en noviembre del 2006.

El encuentro de ocho mandatarios del Mercosur y sus países asociados reunió a casi 400 periodistas de todo el mundo, que llegaron a Córdoba en avión y en ómnibus. Pero uno de ellos se animó al tren…
La Cumbre de Presidentes y Jefes del Estado del Mercosur y América Latina era una buena noticia periodística. Más allá de la trascendencia histórica que pudiera alcanzar este evento, no era común que Argentina reciba a ocho mandatarios. Y mucho menos que la reunión se realizara en la tercera ciudad en importancia del país.
Apenas me confirmaron que viajaría a Córdoba recordé una de las ediciones del año pasado de mis amigos de Latin Tracks con una importante cobertura periodística sobre la reanudación del servicio ferroviario desde la ciudad de Buenos Aires. "Pasaron 13 años desde la partida del último tren de pasajeros -me dije-. Tal vez sea éste el momento de volver a intentarlo".
Comprensiblemente escépticos, ninguno de mis compañeros periodistas quiso compartir conmigo un camarote ($ 150) y tuve que contentarme con un asiento en Pullman ($ 47). Ellos prefirieron “la rapidez” del ómnibus por la estresante y peligrosa ruta nacional 9 y yo opté por la reivindicación de los viejos coches Hitachi de la década del 60 que, antes del viaje, prometían como en sus mejores épocas calefacción central, un andar sereno, baños en condiciones dignas y un importante aislamiento a prueba de ruidos externos.
La estación Retiro es un edificio muy lindo. Siempre lo fue, aunque ahora se luce mucho más luego del trabajo de recuperación que se le hizo hace tres años a esta terminal del viejo Ferrocarril Mitre. Un tren de Larga Distancia estacionado en un andén de Retiro, el movimiento de sus empleados y gente dispuesta a abordarlo es, por decirlo de alguna manera, una fotografía sublime, una combinación emotiva y sensible al corazón de cualquier persona bien predispuesta. Sé que no descubro nada al afirmar esto, pero debe recordar el lector que en Argentina hace más de una década que prácticamente no quedan imágenes como esta.
Mi primera referencia humana en Retiro esa noche del 17 de julio fue una sonrisa. Sí, tanto como eso. Un empleado miró mi boleto y me indicó amablemente que mi coche era el segundo comenzando desde la cola del tren. "Junto al furgón", me dijo. El furgón era un viejo vagón postal recuperado en el que se ubicaba un generador impecable, para abastecer de energía a todo el tren. "¿Acaso esto podrá garantizar que la formación tenga iluminación permanente durante todo el viaje?", me pregunté. La respuesta me la dio el paso de las horas: todo el tren contó con la iluminación adecuada.
Sabía de antemano que el paso de cada tren por las áreas suburbanas de las ciudades de Rosario y Córdoba es recibido, en general, por pedradas desde ambos costados de las vías. Pasajeros heridos y vidrios rotos es lo que recogían las crónicas periodísticas de los últimos años. Pero, si hubo agresiones con piedras en algún viaje anterior, la formación, esa noche en Retiro, lo disimulaba muy bien: no observé ningún vidrio resquebrajado. Ni uno. Más aún, cada ventanilla reflejaba la luz del andén con la misma intensidad que lo hacían los laterales impecables de cada coche. Limpieza.
Entregué al camarero mi bolso y colgué debajo del portaequipajes el traje que pensaba utilizar el día de la Cumbre, ingresar al recinto de los presidentes y ver de cerca –más allá de las coincidencias o desencuentros ideológicos- a varios de los líderes políticos de la Región. A paso corto, recorrí el pasillo (limpio) del coche, mientras miraba de reojo a mis ocasionales compañeros de viaje, que, en general, podríamos dividir en dos grandes grupos: gente mayor de edad y matrimonios con sus hijos. Me acomodé en el asiento pullman, cerré los ojos y repasé: empleados amables, iluminación por generador, limpieza, vidrios sanos… El silbato interrumpió aquel primer resumen pero agregó otro elemento: hora 20.10, salida a horario.
Permítame, lector, volver a disfrutar de aquellos primeros minutos en el tren de Ferrocentral, la empresa a cargo de la concesión del servicio entre Buenos Aires y Córdoba (y otro similar entre Buenos Aires y Tucumán). Sentado, descomprimí las tensiones de la rutina y del trabajo cotidiano. Con los primeros movimientos del tren, volví a cerrar los ojos y recordé personas, historias, palabras, libros, imágenes de esas que son eternas y a las que uno echa mano en ocasiones como estas… Antes de sentir que realmente estaba exagerando, recordé que el último tren a Córdoba había partido desde Retiro el 10 de marzo de 1993 y que mi último viaje había sido un año antes…
Tras algunos minutos de marcha, personal del coche comedor apareció en mi Pullman para ofrecer la cena. No había vozarrones que sacudieran a los potenciales interesados: por el contrario, la invitación era individual, del empleado del comedor al pasajero curioso que quería saber acerca del menú, los precios y los horarios. “El horario de la cena es hasta las 23, pero el comedor está abierto durante toda la madrugada”, me explicó. La cena a bordo no era un plato sofisticado (pollo, postre de gelatina y bebida), pero sí económico: $ 15.
Un mensaje de texto que llegó a mi celular interrumpió mi relax: “estamos en Zárate y vos?”. Eran mis colegas periodistas que habían optado por el ómnibus. Yo también estaba cerca de la ciudad de Zárate, pero mi tren había salido una hora antes que ellos. Miré la cara de mis acompañantes del pullman y ninguno delataba urgencia por llegar, más bien se los veía serenos y seguros de haber hecho una buena elección.
Decidí esperar a que finalizara el horario de la cena para visitar el coche comedor. Mientras, en mi pullman leía artículos periodísticos relacionados con América Latina y el MERCOSUR e imaginaba qué preguntas le haría en una hipotética entrevista a alguno de los Presidentes invitados a la Cumbre (Morales, Castro, Chávez, Vázquez, Bachelet…).
Aparecí en el comedor apenas pasada la medianoche. Calculé que tendría tiempo para seguir leyendo y tomando apuntes hasta las 2, cuando el tren tenía previsto llegar a Rosario (primera parada). Un par de pasajeros estaba de sobremesa y otro par conversaba apaciblemente, mientras el aire que se respiraba me recordó el menú de la cena (“la ausencia de un buen extractor es apenas un detalle –pensé-, todo está saliendo bien”). Me perdí en una de las estaciones que vi pasar por la ventanilla y en un viejo galpón de chapas que quién sabe cuántas cosas guardaría… Desplegué sobre la mesa un libro, dos revistas y papeles con apuntes y dejé un espacio para saborear el whisky con el que venía fantaseando desde hacía días. Pero, al cabo de media hora, ese rincón lo ocupaba una simple Coca Cola. Ocurre que en el tren está prohibida la venta de bebidas alcohólicas (porque se lo considera un transporte público y no un restaurante). Apenas se autoriza un vaso de vino durante el horario de la cena. Me decepcioné bastante pero me satisfizo la idea de que al menos se respetara una norma en un país donde es difícil cumplirlas. Pedí café, pero la máquina se había descompuesto. Bienvenida, entonces, la Coca (light).
Pero la máquina que no mostraba intenciones de descomponerse era la General Motors GT 22 CW Nº 9021, que entró con su tren a Rosario con un par de minutos de adelanto (que no revelaré para no comprometer al personal de conducción…). Una vez que el tren ingresó al andén, abrí las cortinas que nos habían hecho cerrar unos minutos antes por temor a las agresiones con piedras. Miré a través de mi ventanilla el movimiento en la estación y no dudé un segundo en bajar.
Mientras la 9021 cambiaba la cabecera del tren y quedaba con trompa corta enganchada al furgón de cola, caminé dos veces de punta a punta por el andén. La formación estaba compuesta por 9 coches: 2 Turistas; 2 Primera; 1 Pullman; 1 Dormitorio; 2 Furgones y 1 Coche Comedor. En mi paseo confirmé que había iluminación en todo el tren y que cada coche tenía un dispenser de agua potable (algo que yo creí exclusivo del pullman y del Camarote). Facilitar a los pasajeros agua potable en un viaje de larga distancia me pareció la mejor de las ideas. El agua potable y los baños limpios –reflexioné- marcan la diferencia entre el respeto y el desprecio. Rosario tiene una bella sala de espera: iluminada, limpia, con baños nuevos e impecables. Daba gusto ese sitio.
Mientras la dotación del tren se renovaba, conversé con uno de los camareros que dejaba el servicio. “Yo era telefonista en NCA (concesionario de cargas y una de las empresas que participa de la concesión, junto con Ferrovías), pero me ofrecieron trabajar en los trenes a Tucumán y Córdoba y acepté. Estoy contento porque me gusta viajar. Es un buen trabajo”, comentó. Y se lo veía feliz cuando se bajó en Rosario, después de despedirse. Yo también estaba feliz de ver un tren, pasajeros y empleados en la mítica y sufrida estación de Rosario Norte.
La parada me sirvió, además, para averiguar algunas cosas más sobre el servicio de Ferrocentral. Desde Buenos Aires tiene dos frecuencias semanales hacia San Miguel de Tucumán y otras dos hacia Córdoba. Tiene, además, dos servicios semanales entre Villa María y Córdoba. En cada tren de Larga Distancia viajan 18 personas, entre conductores, camareros, personal de limpieza, del comedor, de mantenimiento y guardas. Esa presencia se advierte durante el viaje: siempre hay algún empleado dispuesto a responder o a atender alguna duda. En Buenos Aires me confirmaron, luego, que, desde el inicio de los servicios a Córdoba, en abril de 2005, Ferrocentral transportó alrededor de 45.000 personas.
A la salida de Rosario me predispuse a dormir. Ese mismo martes en que llegara a Córdoba, comenzaría mi trabajo y necesitaba estar lo más descansado posible. Mis compañeros periodistas del ómnibus deben estar mucho más cerca que yo, imaginé sin lamentarlo. El silbato de la 9021 se escuchaba mucho más cerca ahora que mi pullman pasó a ser el segundo coche, después del furgón con el grupo electrógeno. Cada silbato me llenaba de emoción y de recuerdos: recordé a mi familia de ferroviarios; recordé más historias y recordé, además, que, cuando yo era chico, los trenes del Mitre tenían fama de ser los más limpios y cumplidores de la red estatal.
Entre sueños, noté que el tren se movía demasiado. El golpeteo de las ruedas sobre la junta de los rieles era permanente y confirmaba que la vía está armada con rieles cortos. Caí en la cuenta de que estábamos transitando por el peor tramo de la línea, con un histórico escaso mantenimiento para las exigencias de un servicio de pasajeros. Miré a mis acompañantes y comprobé que la mayoría de ellos dormía. Mi desvelo no puedo atribuírselo exclusivamente al intenso movimiento del tren. Sentía, además, una excitación especial por estar allí en ese momento y por el trabajo que me esperaba en la Cumbre de Córdoba.
El tren Nº 269 llegó a Villa María (segunda y última parada intermedia) otra vez con un par de minutos de adelanto (por eso la detención excedió el tiempo previsto). Las primeras luces del día me permitieron ver un movimiento importante en la estación. Mi falta de descanso ya era una anécdota que comenzaría a sentirse en los días siguientes, en plena Cumbre. Es cierto, el tren se había movido bastante durante la madrugada, pero –insisto- sería injusto decir que ésa era la única causa de mi desvelo. Los 200 kilómetros entre Villa María y Córdoba fueron los más entretenidos para disfrutar de la ventanilla: un día claro, campos sembrados y estaciones que iban quedando en el camino. Muchos camiones que transitaban por la ruta 9, en este tramo paralela a la vía, iban mucho más rápido que el tren y se adelantaban casi con desprecio. Pero, a esa altura, difícilmente algo cambiara la imagen que me llevaba de aquel primer viaje en tren a Córdoba, 14 años después. Ni siquiera la nube de tierra que envolvió a la formación y que ingresó a los coches apenas un par de metros antes de llegar a la estación.
Pensé cómo y con qué palabras podría definir mi experiencia cuando mis amigos de Latin Tracks me preguntaran. “Digno, es un buen punto de partida”, pensé. Reflexioné que la fama y el prestigio de los ferrocarriles en la Argentina están por el piso desde hace al menos un par de décadas. Entonces, fui hasta el diccionario español y anoté: “Digno: De calidad aceptable. Cuando se refiere a una cosa, significa que puede usarse sin menoscabar su reputación, fama o prestigio”. Creo que eso encaja.

La otra cara

Difícilmente alguien haya vivido un contraste tan profundo al viajar en dos trenes de larga distancia, con apenas unos días de diferencia. Contentos por mi tarea en la Cumbre de Presidentes de Córdoba, las autoridades de la radio aceptaron sin problemas un pedido de dos días de licencia para pasar un fin de semana con mi familia en el campo, en la ciudad de Chascomús, a 120 kilómetros de Buenos Aires. Para regresar, elegimos –tras mi insistencia- hacerlo en tren, en los servicios de la empresa estatal bonaerense Ferrobaires. “Es el tren que viene de Mar del Plata y que cubre la principal ruta de esta compañía, el servicio no puede ser malo”, opiné y convencí automáticamente a mi familia. Error. Los coches –de Clase Unica porque los asientos pullman venían todos ocupados- estaban totalmente a oscuras, y sin calefacción. Esa noche, la temperatura ambiente era menor a 5 grados centígrados. Los escasos pasajeros se iluminaban con la luz de su teléfono celular. Los guardas no pedían boleto porque no los podías distinguir y los empleados del coche comedor habían colocado una linterna sobre el borde de su bandeja para no confundir un sandwich de un vaso de café. Después de una hora y 50 minutos, el tren llegó a Plaza Constitución en el horario en que estaba previsto. Fue una bendición porque ya estábamos comenzando a sentir frío en serio. Mi esposa aún hoy me pregunta qué hacíamos ahí esa noche. (Yo también me lo pregunto).


2 Comments:

Blogger Quique said...

Adrián, tu relato es impecable.
Quizá lo mejor sea verlo cargado de emociones, que refuerzan los hechos.

Explicaciones a la diferencia entre ambos servicios de larga distancia [el de Cba. y el de Mar del Plata], es entrar en especulaciones.

Lo cierto es que un mundo mejor es posible. Y viajar confortable y tranquilamente hace la diferencia.

La pregunta es, ¿cómo publicitar que uno puede elegir como opción digna el tren?
Digo como para no clavarse y elegir el servicio equivocado.

Pocas cosas tan emotivas como ir llegando despacio y al corazón de una ciudad.
Algo así como viajar hacia Bs.As. e ingresar en la Ciudad Autónoma hacia Retiro, otra joyita.

Seguramente desde una radio como Nacional [LRA], pueda continuarse con esta titánica tarea, la de mostrar el país que no es noticia, el de los trenes que funcionan, las estaciones con baño limpio, los empleados que tratan con cortesía a los pasajeros y viceversa [otro milagro].

Hay un servicio de la Unidad Ejecutora del Programa Ferroviario Provincial [UEPFP] que cumple el servicio Retiro - Junín con el Tambero.
Sale de Retiro diariamente a las 18:15 horas [los domingos parte 22:05], parando en José C. Paz y Pilar, para luego seguir e internarse por unos lugares únicos de la Pcia.de Buenos Aires [Manzanares, Dr. Cabred, Cortines, etc.].
Costo $13 y $20 para turista y pullman respectivamente. Mas detalles, aquí

11:35 p. m.  
Anonymous Marcelo Arcas said...

Adrián, impecable como siempre lo tuyo.
Un abrazo, Marcelo

7:24 a. m.  

Publicar un comentario

Links to this post:

Crear un vínculo

<< Home