domingo, abril 20, 2008

La revolución del panfleto. Entrevista a Robert Darnton

La Revolución del Panfleto
Por Carlos Subosky. Nota publicada en la revista Ñ del diario Clarín el 12 de abril de 2008

El norteamericano Robert Darnton estudió el impacto de los best-sellers panfletarios, pornográficos y satíricos en la Francia pre revolucionaria. Libelos y autores fracasados –dice– explican la historia intelectual de la Revolución mejor que la Enciclopedia.


Los orígenes de la Revolución Francesa se estudiaron desde diversos ejes: la cultura y la política, la sociedad y la economía. Pero el historiador Robert Darnton se dedicó a investigar la influencia de los escritores de la Grub Street de París –y la de los libelos y libros prohibidos por el Antiguo Régimen– en la revolución de 1789. Grub Street (la calle de los gusanos) era el distrito parisino donde vivían escritores pobres y mercenarios: el nombre viene de Inglaterra, que ya antes tenía un barrio similar. A Grub Street llegaban miles de escritores del interior de Francia con el sueño de triunfar y al fin formar parte de la República de las Letras.Pero los esperaba la desazón y la miseria. Estos escritores frustrados –oscuros personajes que trabajaron como escritores a sueldo, mercenarios, espías de la policía o editores de literatura prohibida– vivieron precariamente y generaron un resentimiento hacia el Antiguo Régimen que estalló en 1789. "Entenderíamos mejor los orígenes intelectuales de la Revolución Francesa –escribe Darnton en su libro Edición y subversión– si dejáramos la Enciclopedia y descendiéramos a Grub Street".Desde su oficina en la Universidad de Harvard, donde es profesor y flamante director de la biblioteca –la segunda más grande de los Estados Unidos— Robert Darnton explica sus hallazgos.

En 1968 usted publicó un artículo sobre Grub Street titulado "El estilo de la revolución en Grub Street: J. P. Brissot, Espía de la Policía". Allí analizaba la influencia de los escritores a sueldo en la Revolución Francesa. ¿Cómo ve este artículo a la distancia?

Todavía creo que el tema es crucial para entender los orígenes y la naturaleza de la Revolución Francesa pero varió mi forma de pensar. En ese momento ponía el énfasis en las ambiciones frustradas y el resentimiento psicológico de los escritores a sueldo atrapados entre las alcantarillas de París. Muchos se habían propuesto emular a Voltaire y Rousseau pero no pudieron escapar de la pobreza y disfrutar una carrera como ciudadanos respetados de la República de las letras. Obligados a ganarse la vida como fuera, escribieron panfletos, compilaciones, boletines de noticias clandestinos, hasta pornografía, y a veces tenían que dejar de lado sus convicciones trabajando como espías para la policía o en otros trabajos humillantes. Pude identificar a varios en los archivos de la policía. Leyendo lo que escribían, detecté un tono de furia reprimida que evocaba la actividad periodística y panfletaria de los radicales entre 1789 y 1894.


¿Algunos de los escritores de Grub Street participaron en la revolución activamente?

Sí, muchos escritores a sueldo se convirtieron en líderes de la izquierda durante la Revolución. Abogaron por una revolución cultural dentro de la Revolución atacando la posición privilegiada de la vieja elite intelectual. Así, condujeron la batalla para la destrucción de la Academia Francesa, la Academia de Ciencias, la posición privilegiada de la Comedia Francesa, los exclusivos privilegios de diarios como la Gaceta de Francia, las pensiones de escritores que habían gozado del mecenazgo real. Todos los privilegios dentro del mundo de la cultura.Usted señala que hubo diversos matices en ese proceso.Existían muchas posiciones intermedias entre los escritores más famosos y los más indigentes. Algunos miembros de las elites literarias (por ejemplo, Chambort) se unieron a la izquierda después de 1789 y algunos escritores a sueldo (Du Rozoi es un buen ejemplo, que me gustaría estudiar con mayor profundidad) escribió propaganda para la derecha. No existe una fórmula para describir todos los alineamientos durante la década revolucionaria. Y si alguien propusiera una, yo sería bastante escéptico sobre su utilidad, porque el mundo real es demasiado complejo para ser reducido a un silogismo sociológico del tipo: a) los escritores a sueldo escribieron folletos sediciosos antes de 1789; b) la Revolución radical produjo más folletos sediciosos; por ende: c) los escritores a sueldo lideraron la Revolución radical.

¿Sigue interesado en la psicología de esos hombres?

A decir verdad, no. Me interesa más una perspectiva sociológica. Las ambiciones frustradas sin duda fogonearon a revolucionarios como Marat, pero esto no se extendió a todos los miembros de los escalones más bajos del mundo literario, y los estados psicológicos son difíciles de detectar para el historiador, y difíciles de reconstruir a partir de documentos. Mi amistad con Pierre Bourdieu y después de estudiar mucho su trabajo, hoy describiría el mundo literario en la víspera de la Revolución como un "campo" demarcado por posiciones de poder y una serie de instituciones. Por ejemplo: Rousseau opuesto a la de Voltaire, y el alineamiento del Museo de Paris opuesto a la Academia Francesa.

Sus artículos sobre el tema suscitaron polémicas entre los historiadores. Algunos lo acusaron de criticar a la Ilustración.

Mi artículo más controvertido y polémico se llama "La Alta Ilustración y el Bajo Mundo en la Literatura". Algunos que lo leyeron mal creyeron ver en él un ataque a la Ilustración en sí misma. Nunca adopté semejante posición. Incluso la versión original de ese artículo tenía un título más preciso: "Tensiones Sociales en la intelectualidad de la Francia Pre-revolucionaria". El título original, hubiera evitado muchos malentendidos, porque indicaba un acercamiento más estrictamente sociológico al tema.

En "Los Orígenes Culturales de la Revolución Francesa", Roger Chartier sostiene que la Revolución fue la que de algún modo inventó la Ilustración y no al revés. ¿Está de acuerdo?


Pienso que Chartier tiene razón cuando señala que los revolucionarios invocaban la Ilustración como una estrategia de legitimación, pero creo que se equivoca si llega al punto de sugerir que la Ilustración fue inventada por la Revolución. La invocación de las Luces es recurrente en los philosophes de mediados del siglo XVIII. Entonces la Ilustración era un movimiento que buscaba el control de las academias, los salones y los periódicos. Especialmente durante la crisis de 1757-1763 fue perseguida lo suficiente como para endurecer su capacidad de resistencia y reforzar su conciencia colectiva, pero no pudieron debilitarla y destruirla. Para cuando sus líderes comenzaron a morir –Voltaire y Rousseau en 1778– había conquistado posiciones de mando en el mundo de la cultura. El Régimen ya no la veía como amenaza, y sus partidarios de la generación más joven servían al Estado desde las posiciones privilegiadas en la Academia francesa, los periódicos importantes, y las prebendas dispensadas por sus mecenas de Versalles. El Régimen pudo integrar a la Ilustración sin socavarse. De hecho, si el movimiento reformista de ministros como Turgot hubiera triunfado, la Ilustración podría haber provisto el soporte ideológico para una monarquía constitucional progresista, algo más o menos cercano al modelo inglés o a la Monarquía de Julio de 1830. Pero otros factores hicieron imposible ese desenlace.

¿Cuáles?

Entre ellos, la bancarrota paralizante de las finanzas reales, el estancamiento económico de la década de 1770 y la disparada incontrolable del precio del pan, que lanzó a la gente a las calles en el momento en que la campaña por los Estados Generales había elevado la sensibilidad hacia temas sociales y políticos. Por eso, yo daría más espacio a una historia social y económica, y evitaría poner un énfasis excesivo en la historia intelectual al intentar explicar el advenimiento de la Revolución Francesa.

Usted analizó los libelos u obras de difamación del periodo. ¿Los historiadores dejaron de lado en sus estudios esta forma de expresión?

No prestaron suficiente atención a ese factor clave: el efecto de la literatura contestataria en el enajenamiento del apoyo público a la monarquía. En Los best-sellers prohibidos en Francia antes de la Revolución (FCE) estudié la difusión de libros y llegué a la conclusión de que el público lector consumía gran cantidad de libelos, además de las obras de autores famosos como Rousseau y Voltaire. Estoy completando un estudio de los libelos en sí mismos: representaban una lectura entretenida en el siglo XVIII e incluso hoy resultan fascinantes. A la vez que contaban historias escandalosas sobre las "vidas privadas" de figuras públicas (Luis XV, Mme. de Pompadour, Mme. Du Barry, María Antonieta, y todos los personajes de Versalles) transmitían una meta-narrativa acerca del despotismo y la decadencia. Cuando la crisis final golpeó a la monarquía en 1787- 1788, el público lo percibió como una amenaza renovada de despotismo, aún cuando los planes de reforma de los últimos ministros de Luis XVI fueron bastante progresistas y hasta el rey era un alma pacífica dedicada al bienestar de su pueblo.

¿Cómo influyeron estos hechos en la sociedad francesa?

La percepción de los hechos resultó ser tan importante como los hechos en sí mismos: la opinión pública resultó ser un ingrediente crucial en la mezcla de factores que llevaron al colapso del Antiguo Régimen. Los libelos continuaron después influyendo en el curso de los acontecimientos hasta el ascenso de Napoleón Bonaparte. Casi todos los políticos revolucionarios, desde Necker y Mirabeau hasta Marat y Robespierre, fueron calumniados en un tipo de biografía llamada "vida privada" o "vida secreta". La batalla ideológica tomaba a veces la forma de la calumnia. Una forma heredada de las polémicas del Antiguo Régimen pero con contenido nuevo: la idea era denunciar la corrupción y a los falsos patriotas más que revelar anécdotas picantes de deslices sexuales. La literatura de libelo nos da un modo de seguir la transformación de la cultura desde un mundo a otro, a través de la divisoria que fue la Revolución.

¿No tenían los libelos una connotación moral?

Variaban en tono y contenido. Algunos sacaban a la luz escándalos de una manera voyeurística que rozaba la pornografía. Otros adoptaban un tono moral elevado para denunciar la corrupción. En general, alimentaban la fascinación del público por las vidas privadas de les grands; así anticipaban el tabloide moderno.

Dice que siempre se vivió una era de la información. ¿También en los siglos XVII y XVIII?

En mi trabajo reciente cuestiono el lugar común de que "hemos entrado en la era de la información". No niego la importancia de la información disponible para todo el mundo hoy en día pero pienso que cada era fue, a su manera, una era de la información, de acuerdo con los modos de comunicación que prevalecían en ese momento. Para demostrarlo dediqué mucho tiempo a estudiar los medios que comunicaban noticias a los parisinos durante el siglo XVIII, especialmente chismes, canciones, grabados, boletines de noticias manuscritos, y todas las formas del mundo impreso. La información se movía rápidamente a través de todos esos canales, que se interceptaban y se superponían en circuitos de comunicación que pueden ser reconstruidos, al menos en los casos que han dejado su rastro en los archivos.

¿Estas investigaciones pueden ir más allá de los libros?

Creo que sí. La historia de los libros tal como se llevó a cabo en los años 50 en Francia se presta a este género de investigación, pero puede llevarse más allá de los libros en sí mismos. Los autores de libros recogían información de rumores en los puntos neurálgicos de los sistemas orales de comunicación: en cafés, por ejemplo, y lugares de reunión para nouvellistes (buscadores de noticias) en los parques públicos. Después ellos los incorporaban en narrativas o "crónicas escandalosas", y los mismos mensajes volvían a entrar en los circuitos orales en la discusión de los libros. Hay vívidas descripciones, incluso grabados en bronce, de parisienses leyendo en voz alta los unos a los otros y debatiendo la información en los impresos. Las canciones, de hecho, funcionaban como diarios. La gente improvisaba neologismos para viejas melodías, comentando a diario los hechos del momento en composiciones nuevas. Encontré miles de canciones registradas en álbumes de recortes manuscritos llamados chansonniers e identifiqué las melodías con que se los cantaba. Una amiga parisina, Helene Delavault, maravillosa cantante de cabaret, grabó las canciones para una versión en Internet de uno de mis ensayos; así el moderno lector-espectador-oyente puede recibir estos periódicos cantados a través de la Internet.

¿En qué lugar quedarán los libros impresos con la difusión del libro electrónico?

Trabajos recientes insisten en que un modo de comunicación necesariamente desplaza a su predecesor, pero los libros manuscritos continuaron en auge aún después de la invención de la imprenta. La investigación de Harold Love muestra que fueron un medio muy poderoso hasta fines del siglo XVIII. La radio no mató los diarios. La TV no destruyó la radio, y el cine sigue creciendo, pese a la competencia por parte de variadas formas de entretenimiento. Por supuesto, en todos lados existe el conflicto: no defendería la idea ingenua de la infinita y armoniosa expansión de los medios pero argumentaría que los viejos modos de comunicación, como el libro impreso, pueden coexistir y aun prosperar en una cultura multimedia. Publiqué varios trabajos académicos en Internet y estoy escribiendo un e-book (libro electrónico) que espero publicar, en versión reducida, impreso. Lejos de ser enemigos, los viejos libros y los e-books son aliados. La historia de los libros se nutre de ambos.



1 Comments:

Anonymous Anónimo said...

buenas, para hacerse una idea de los controles que desde el poder se hacía de la República de las letras a mediados del siglo XVIII, recomiendo el cuarto capítulo de la obra de Darnton: "la matanza de gatos y otros episodios de la historia de la cultura francesa". Aparte el libro fascinará a cualquier persona que sineta interés por la historia en general

12:29 a. m.  

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